Un presidente en campaña

Foto: Tomada de la cuenta oficial de Jesús Ramírez Cuevas en X.

Que Andrés Manuel López Obrador se siente mucho más cómodo en campaña que gobernando es un hecho imposible de refutar. Como la muestra más reciente, ahí está la fuga hacia adelante en la que un mandatario, que está a nueve meses de entregar el poder, anuncia una serie de reformas constitucionales como si fuera el inicio de su gobierno o como si tuviera los votos necesarios para hacerlas realidad.

Dado que el presidente ya va de salida y sabe perfectamente que no es viable su propuesta, cabe preguntarse por qué entonces hace esta jugada. La respuesta tiene varios sentidos. El primero apunta a la necesidad presidencial de no perder el control de la agenda. Acostumbrado a ejercer el superpoder de establecer los temas y los tiempos de debate, una vez más AMLO logra enfocar buena parte de la conversación pública en temas como las pensiones o la pertinencia de los organismos autónomos, lo que le permite quitar reflectores a tragedias como la crisis de violencia que se sigue viviendo en buena parte del país.

En segundo lugar, el presidente deja en claro que es él, y no la candidata de su propio partido, quien define los temas de la campaña, de la elección y de paso, de la siguiente administración. Al colocar el tema de las reformas al Poder Judicial y al INE, entre otras, el presidente no solo establece la discusión actual sino que también le impone a la siguiente administración, en particular si es de su propio partido, el programa legislativo que tendría que seguir.

AMLO no solo está reivindicando su poder en la actualidad, sino que también está acotando el poder de quien gane la elección de junio próximo. Se trata así de una apuesta por el control de la elección y por el poder más allá de su sexenio. Veremos, en función de lo que ocurra en los siguientes meses, si la apuesta resulta exitosa para quien a todas luces no se siente cómodo con la idea de perder el poder.