AMLO, el presidente que marchó en CDMX y se sintió en campaña

“¡Ay, mi presidente!”, “¡Mi cabecita de algodón!”, decía la gente con todo el cariño que se le puede tener a un hombre que ha luchado a ras del suelo para llegar a la Presidencia.

Foto: Partido Morena / Twitter

El presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a marchar al lado del pueblo y también de sus “corcholatas” favoritas. A sus costados lo acompañaron la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quienes no se separaron ni por un minuto del mandatario, que fue aclamado por una verdadera multitud. 

A las 8:00 horas, una hora antes del arranque oficial de la marcha de AMLO, ya habían miles de personas esperando a que el presidente López Obrador arrancara el recorrido. Personas de todas las edades, desde adultos mayores hasta jóvenes iniciaron con las porras al presidente; ni qué decir de la palpable emoción al enterarse de que justo a unos pocos metros se encontraba el mandatario. 

Aunque muchos llegaron juntos en autobuses de línea, procedentes de otros estados de la república, y otros en las llamadas “peseras” de las zonas más cercanas de la Ciudad de México, los que estaban ahí tenían la clara convicción de ver al presidente.

Un águila real fue el símbolo que anunciaba que justo a su paso se encontraba AMLO, rodeado de Servidores de la Nación y civiles corpulentos y de rostro duro, que a decir de los presentes se trataba de militares vestidos de civil. 

“¡Hagan una valla, abran paso!”, exigía el personal, incluso a la secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, le tocó pedirle a la multitud que le abriera camino al presidente y es que todos querían estar cerca para cuando López Obrador pasara a su lado. 

1.2 millones de asistentes

Claudia Sheinbaum informó que, de acuerdo con reportes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a la marcha de AMLO asistieron unas 1.2 millones personas. Quienes estuvimos presentes no vemos descabellada esta cifra y es que había un visible mar de gente gritando consignas, aplaudiendo al presidente; entre empujones, codazos, tropezones y algunos pisotones.

Sobre el asfalto, del que poco se podía ver, se encontraron todo tipo de objetos, desde tortas en “bolsita”, banderas rotas, sombreros tirados y pisoteados, sandalias perdidas e incluso hubo alguien que, cual Cenicienta, perdió un zapato.

“¡No estás solo!”. 

A cada metro que AMLO avanzaba eran varias las consignas que recibía, desde las clásicas “¡No estás solo!” y ¡Es un honor estar con Obrador!”, hasta ¡Honesto, valiente, así es mi presidente!”, además hubo quienes gritaban una y otra vez “¡No somos acarreados!”, en respuesta a la oposición que decidió calificar a esta movilización como “La marcha del acarreo”. 

Quienes decidieron “colarse” a la marcha ya con un buen tramo recorrido fueron la senadora y próxima candidata de Morena por la gubernatura del Estado de México, Delfina Gómez, el subsecretario César Yáñez, y los actores Jesús Ochoa y Damián Alcazar. 

El canciller Marcelo Ebrard, otro de los aspirantes a la candidatura presidencial se encontraba unos metros adelante de López Obrador, pero no pasó desapercibido que algunos ciudadanos sí le gritaron “¡Presidente, presidente!”; lo que confundió a algunos presentes quienes creían que quien iba pasado era AMLO, pero se trataba del canciller, quien lamentablemente unos metros más tarde fue agredido por un ciudadano, según reportaron algunos medios.

Quiso continuar a pie

Casi a mediodía, después de tres horas de recorrido, arribaron a la altura del Senado de la República los vehículos del presidente Andrés Manuel López Obrador, dos Jetta color blanco y una suburban negra. Todos esperaban que el presidente se subiera al convoy; sin embargo el presidente se negó y decidió continuar a pie con su recorrido. 

Conforme avanzó el contingente, se pudieron observar a varios políticos, visiblemente bañados en sudor, el propio AMLO, el vocero de Presidencia, Jesús Ramírez, Adán Augusto, entre otros. 

Frente al Palacio de Bellas Artes, a unos pasos de ingresar a la calle Madero, que desemboca en el Zócalo, había miles y miles de personas esperando ver al presidente. Llamó la atención que justo en ese punto, AMLO fue recibido como toda una estrella de rock, pues la gente se deshizo en gritos, aplausos, porras y hubo quienes rompieron en llanto al verlo de cerca. 

“¡Ay, mi presidente!”, “¡Mi cabecita de algodón!”, decía la gente con todo el cariño que se le puede tener a un hombre que es innegable ha luchado a ras del suelo para llegar a la Presidencia y que pareciera todavía en campaña. 

Si hubo “acarreados”, como los llama con desdén la oposición, muchos fueron por convicción propia, por un palpable respeto, agradecimiento y cariño al presidente de la república, al menos es lo que se percibió en el asfalto.

Después de más de cinco horas de marcha, con los labios secos y visiblemente sudado, AMLO dio un discurso por “los 4 años de la Transformación”, de al menos hora y media; sorprendiendo a propios y extraños por la entereza con la que se le vio dar su mensaje y es que pareciera que del pueblo es de donde AMLO saca su energía para continuar con su llamada “Cuarta Transformación”.